Querida Santa Juana...

Anónima Zona Sur 


Querida Santa Juana,

Vivíamos haciendo tantos planes de futuro, mirándonos el ombligo, preocupados de cosas sin importancia, creyéndonos todopoderosos... Quién nos iba a decir que la humanidad entera, la economía de todos los países, todo absolutamente dependería de un bichito microscópico. Las nuevas palabras: aplanar la curva, desconfinamiento, pandemia, coronavirus... Estamos asustados y ya se habla sobre lo que vendrá después. Aunque de momento son especulaciones.

Si el virus nos da un armisticio habrá que enfrentarse a grandísimos retos: la pobreza, el desempleo y el hambre. Un desafío para una humanidad que se muestra muchas veces sumamente egoísta.

Durante esta cuarentena hemos visto una y otra vez los datos de los estragos del virus en Europa, América del Norte y los países más avanzados de Asia; como Japón o Corea del Sur pero ¿alguien sabe cómo está avanzando la pandemia en África? Me temo, Santa Juana, que de ese continente no dan mucha información en los telediarios. Cuando el COVID-19 entre en erupción en África ¿qué pasará? Yo no soy médico, ni enfermera, no soy policía ni trabajadora de un supermercado ¿qué se espera de mí? Procuro cumplir con mi trabajo de profesora, haciendo en casa lo mismo que en la facultad. No me quejo, doy gracias a Dios por tener la posibilidad de seguir trabajando desde casa. ¿Qué más puedo hacer? Puedo rezar, han cerrado las iglesias pero la oración no está puesta en cuarentena, no han cerrado la posibilidad de hacer oración. Recuerdo el Evangelio de San Mateo "Tú, cuando reces, entra en tu cuarto, cierra la puerta y ora a tu Padre que está allí, a solas contigo", Él nos ve y nos oye. Nos recordaba el Papa no hace mucho que el Señor no se cansa nunca de tener misericordia de nosotros, siempre quiere perdonarnos.

En fin, Santa Juana, en estos tiempos difíciles tenemos la posibilidad de elegir: seguir tu ejemplo y ayudar en todo lo que podamos, también con nuestro trabajo diario, sin queja, agradeciendo a Dios lo que tenemos o por el contrario podemos ponernos de perfil, llenar la alacena, acaparar y esperar a que esto pase sin pensar en los que sufren, en los que necesitan nuestra mano.


No dejemos que decaiga el ánimo y vamos a arrimar el hombro con la certeza de que Dios, como siempre, no nos dejará solos.

Te tenemos de ejemplo.