Mis muy queridas hermanas en el Señor...

14.04.2020

El pasado 14 de abril celebrábamos el XVII aniversario de la Red Laical de una forma muy especial...recibimos una carta de nuestra querida Santa Juana.

Mis muy queridas hermanas en el Señor:

Al celebrar hoy, 2020, la Aprobación de Nuestra Orden, siento un gran gozo y consuelo en el Señor. Vivo con intensidad las horas y los minutos de aquel 7 de Abril de 1607, tan lejano para vosotras en el tiempo, y tan presente para nosotros en esta eternidad donde experimentamos el eterno presente de Dios...

¡Cuánto gozo interior, cuánta alegría externa!... Todo lo vivido hasta entonces recobraba tonalidades distintas, todo estaba integrado en la certeza personal que nos comunicábamos unas a otras... Dios había estado, estaba con nosotras y nos confirmaba la "empresa" que quería confiarnos: tender la mano, ayudar mediante la educación, a aquellas jóvenes para que llegarán a ser mujeres transformadoras de la familia y, a través de ella, de la sociedad.

Dios nos alentaba a afrontar las dificultades, a seguir poniendo lo mejor de nosotras mismas, sabiéndonos, eso sí, "instrumentos en sus manos", colaboradoras en su Salvación, junto a tantas otras personas en la Iglesia, en el mundo. Juntas podríamos contribuir a ese gran sueño de Nuestro Señor, que tan bien comprendió Nuestra Señora: una nueva humanidad de hijos...

Tan presente, como aquel día, tengo vuestro hoy; y, ¿cómo no?, revivo aquel tiempo que nos unió a las primeras compañeras que hoy juntas celebramos la Aprobación del Instituto: Burdeos asolado y cerrado por la peste, enfermos en la calle, moribundos... Hicimos lo que sabíamos y podíamos hacer; intentábamos acercarnos, dar afecto y sentido... y teniendo en cuenta que las condiciones de vida no eran las vuestras, ofrecimos también a nuestra manera atención física a los enfermos, les llevábamos alimento, mantas... todo lo que nos parecía que iba a confortarlos y nos indicaban los que sabían más...

Hoy, ahora, os reconozco a todas en lugares muy diferentes en medio de la peste; también, de algún modo, en primera fila y también con otros y otras como nosotras. Os encuentro dispuestas a ayudar guardando las indicaciones que vais recibiendo, que si confinamiento, que si cuarentena, mascarillas, guantes etc.; Intentáis tomar precauciones para evitar el contagio a otros, qué buen principio de amor fraterno... Y, luego, como nosotras, buscando cómo servir mejor en las distintas situaciones de tiempos y lugares, vais más allá con vuestra oración, comunicaciones "no presenciales" a través de tantos medios como tenéis a vuestra mano, creando creativamente nuevos planes y programas incluso en las Escuelas, Proyectos de Solidaridad, etc....

Mi mirada es tan amplia y abarcadora desde Dios, que contemplo con gran consuelo a tanta gente que en vuestro entorno, de una manera u otra, participan en esta "empresa" que Él nos sigue confiando. Veo a un grupo de cuidadores y cuidadoras de nuestras mayores, privilegio, gracia e impulso para que todas vivamos agradecida y responsablemente la misión común; algunas de vosotras aparecéis ante mi vista en determinados contextos atendiendo directamente o previendo la peste en hospitales, dispensarios, siempre al lado de otros hermanos laicos que entregan con coraje su propia vida... A otras, también rodeadas de profesores y personal de nuestras obras educativas haciendo todo lo posible por hacer llegar a padres y alumnos no sólo propuestas educativas nuevas sino, respuesta a necesidades de todo tipo que surgen en estas circunstancias... Percibo también vuestra presencia y atención con otros en los Proyectos Sociales donde tantas y tantas personas experimentan carencias de lo más fundamental, una casa, unas mínimas condiciones de vida humana, una compañía, etc. Esta mirada amplia me acerca también a presencias de muchos laicos que se sienten con nosotras Compañía, entre ellos la Red Laical, y no sólo en ámbitos de la educación y de la sanidad sino también en tareas públicas de gestión, en otros muchos trabajos que conducen al bien común...

Sabed, hermanas, y hacédselo llegar también a tantos hermanos míos queridísimos que hoy desde la Casa del Padre os seguimos acompañando en esta pandemia como la llamáis vosotros. El Espíritu habita vuestro mundo como habitó el nuestro. Dejad que actúe en vosotros... Él os comunicará la fuerza para permanecer en la tribulación y la esperanza para seguir construyendo una humanidad nueva.

Espero de la Bondad del Señor, que sus bendiciones os conforten y den vigor y que en vuestra fidelidad y servicio a los hermanos, a los que más lo necesitan, aportéis Vida.

Vuestra humilde y afectuosa Madre y hermana, según Dios

Juana de Lestonnac

(En la Casa del Padre, Abril de 2020)